¿Te hacen gracia tus gracias?

Tengo que decirte, que como te hayas olvidado de hacerte gracia a ti mismo, estás medio muerto. SI una se pone a decir idioteces solo para el deleite ajeno  corre el peligro de dejar de hacerse gracia a sí misma. Entre los cómicos y gente de escenario esto es bastante común. Empiezas a preguntar a unos y a otros:

-Oye, ¿este sketch te gusta? ¿te da risa? ¿debería de cambiar algo?

-Bueno…-Te contestan-es demasiado, no sé largo… si quizás recortaras.

Pero a ti te hace mucha gracia, lo ves y te partes de risa tu solo. Pero con la cosa de complacer recortas aquí y allá y cuando lo ves, pues no te hace gracia, y lo cierto es que a los demás tampoco demasiado. Y el siguiente sketch, menos gracia, hasta que dejas de hacerte gracia por completo a ti y a los demás.

¿Qué rollo no?

Consejo: No te dejes de hacer gracia nunca, anímate y cuéntate cosas chistosas, divertidas, de esas que solo entiendes tú. Ríete y exagéralo, total nadie se va a enterar, y al final te darán risa muchas más cosas que antes y se te ocurrirán unas gilipolleces magníficas que te alegrarán el resto del día.

Recuerda: no dejes nunca de hacerte gracia, sería algo muy parecido a desenamorarte de ti mismo.

 

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Ya estoy aquí

Bien, me ha costado, semanas, meses, pero al fin lo he conseguido. Crear mi blog, que aún no entiendo muy bien como funciona. Gracias a mi amiga Ángela Maiorana, una tía inteligente y vivaz como pocas que conocí hace unos meses en África y que me insistió en que lo hiciera, aquí estoy. Peleándome con los programas y las historias informáticas, que me coge en algunos momentos una ira, un enfado desenfrenado que me entran ganas de chillar y de insultar porque no entiendo ni veo los enlaces de que me habla ni ná. Luego me calmo y me digo: pues me pongo a escribir y que salga lo que sea, con foto sin ella pero que esto se mueva, que las letras se manifiesten aunque no estén perfectas.

Así que aquí van mis primeros balbuceos blogueros. Aviso, lo que leáis será verdad. Os espero. Estamos juntos en esto, todos a la vez, siete mil millones danzando e intentando entender esta vida loca y aunque haya muchos que se la traiga floja, la mayoría, sé que por las noches, con la cabecita apoyada sobre la almohada lo pensáis: ¿quien me ha invitado a esta fiesta? ¿quién ha sido? ¿qué hago aquí? En algún momento le vimos la cara, luego se nos olvidó, no importa disfrutemos de esta vida, está plagada de aventuras, así que a por ella.